El acto del perdón es un acto gratuito (primera parte)


Autor: Psicóloga Patricia Aviléz

Fecha: Julio del 2019

Dos condiciones humanas nos acompañan y acompañaran a lo largo de historia, fuimos creados con el poder de recordar el pasado, pero sin el poder de cambiarlo. Sólo el uso de la facultad de perdonar podría lograrlo. Fuimos creados con el poder de imaginar el futuro, pero sin el poder de controlarlo. Solo el uso de nuestra capacidad y habilidad para hacer y mantener nuestras promesas lo pueden conseguir. Retomo las palabras de Hannah Arendt filosofa y teórica alemana del siglo XX.

Daré paso al siguiente articulo con una visión del perdón desde lo psicológico y una mirada psicoanalítica, permitirá al lector tener dos posibilidades para dar cuenta de su posición ante situaciones de la vida y actos de la vida. En ocasiones con el paso del tiempo, logramos ubicar que algo ha sido doloroso o ha dejado huella, aun después de darse cuenta puede ser complicado, entender que esto puede ser el origen de un problema, generando culpa, tristeza o a veces desolación. El resentimiento como consecuencia de agresiones vividas, contribuye a generar un lazo martirizante y un calvario, en el que se pone en juego un despliegue sado-masoquista interminable. Algunas personas no buscan terapia por el contrario van por la vida con un reclamo, alguien debe pagar, compensar por lo sucedido, viviendo con deudas, pasándolas, de alguna manera, en esta ecuación alguien no entra, y es la misma persona que va con el papel de reclamador, “Mi derecho proviene de mi condición de víctima”.

¿Cuáles son los dinamismos psíquicos de personas que atraviesan por situaciones doloras?

Socialmente y religiosamente, en determinadas ocasiones, se impone como una obligación, es preciso, necesario, bueno, saludable, cristiano, que se otorgue el perdón, como una suerte de mandato moral, un cumplimiento obligado. Este exceso de moralismo ha contaminado al concepto de perdón, hasta el punto de generar una cierta renuencia, convirtiéndose en una regla “amar incluso a quien nos daña” norma social y religiosa.

Sin embargo existe un pacto entre el victimario y la victima consciente o inconsciente, donde es la deuda y culpa, lo que enlaza, el perdón como gesto supone una posible disolución del vínculo establecido entre ambos y del poder que la víctima tiene sobre su victimario, situación que se vivió de forma invertida en otro tiempo, donde el victimario ejercía cierta función en la víctima, situación angustiante: la exigencia de que pague por el daño, que ha muchas víctimas les resulta imposible e impensable; sostenerse en esta posición, alimenta el poder y el despliegue de cierta perversión, angustiar al otro, por el daño infligido, no hay reparación que alcance, efectivamente no alcanzará, la reparación del daño será incompleta, existirá una perdida, sin embargo ofrece liberarse del dictador llamado pasado, desanudarse del victimario pero también liberarlo, es un acto gratuito.

Hay que aclarar no es una situación fácil ni ligera, ya que algo opera en estás relaciones y contratos. El perdón es una herramienta terapéutica, con la finalidad, de hacer algo con la dictadura del pasado, inquebrantable y como buen dictador, impide movilizar al victimario y víctima, sumidos en el rencor, odio, resentimiento y sed de venganza. No depende de la buena voluntad ni de las ganas de hacerlo, no puedo imponerse, exigirse y poner un tiempo para que suceda es un acto gratuito, liberar, liquidar, licuar para dejar de navegar por las aguas del rencor donde existen dos prisioneros el victimario y la víctima, enfrentar la dictadura del pasado. Implica una trabajo arduo y psíquico liberar, al victimario es liberarnos, desanudar para dar.

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